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Monday, March 19, 2012

EL MIEDO

dejad que los niños se acerquen a mi: no se lo impidais; de los que son como ellos es el reino de dios. os lo aseguro, el que no acepte el reino de dios como un niño, no entrara en el.
(marcos 10: 14-15)
el miedo es aquello que hace ladrar a los perros. quieren espantar eso que se acerca, que no saben lo que es, que no atinan a comprender si es inocuo u hostil. pero quien conoce la magnitud de sus fuerzas, sabe como sera todo enfrentamiento porque por instinto el adversario es reconocido en el acto, medido y tasado. asimismo en el reino animal existe la presencia. que es la mezcla de muchos atributos biologicos naturales: fuerza, inteligencia, energia, comunicacion. incluso la mirada tiene que ver con la presencia en aquellas especies que tienen ojos, que son los organos para relacionarse con el entorno. por lo tanto la presencia es una postura que realza las cualidades. y como el miedo es un efecto natural ante el peligro, la presencia no solo nos evita malgastar energia emitiendo ruidos en todo enfrentamiento sino que nos ayuda a distribuir la misma. por eso perro que muerde, no ladra. y viceversa. de esta forma no me justifico hoy con el perro que yo mate cuando tenia 9 años, sino que me saco la culpa de adentro. yo no se si era un perro bueno o un perro malo pero solo se que el perro no me dejaba salir del rio. y no ladraba. sacaba sus dientes y miraba fijo. en santa clara en un paraje apartado. y mis otros 2 amigos me dejaron solo -como es logico- porque huyeron por una ladera de lodo, a rastras. la otra orilla era imposible para escapar porque era un barranco de lajas. vi un palo encajado en el fondo del rio y lo agarre. pesaba mucho porque llevaba tiempo metido en el agua. tenia una puya negra en un extremo y la esgrimi contra el perro. yo recuerdo un miedo atroz con cada paso pero no hice bulla ni gaste otra energia que no fuera empujar el palo contra el perro. porque estaba resuelto a salir del agua enfrentando al animal. mis amigos regresaron cuando ya el perro estaba muerto. enterramos al animal, le rendimos tributo en silencio y le pusimos una gran laja del rio encima. tiempo despues fuimos a ver la tumba y nadie la habia perturbado. con el tiempo yo le di retribucion al universo: tengo 2 perros -que ladran- y han traido al mundo muchos perritos que he regalado a amistades y a personas por la calle, padres con niños, y viejos que necesitan compañia. mi comida actual la comparto con ellos. y este fin de semana, durante un retiro espiritual, me puse a analizar a las personas. y me di cuenta que debemos ser mas como los niños que como los perros. si bien la inocencia nos salva a los dos. aun ante la lealtad del animal, los humanos podemos crecer espiritualmente... y enmendar. ©varela