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Thursday, June 14, 2012

LA RANA Y EL PRINCIPE, 3

el beso
un milagro quiso que la rana se topara con usia, el ujier de lavatorio. cazando ella insectos a su alrededor, sin importarle el sabor sino el llene de su panza, tirole el lenguazo de rigor a los tobillos del conserje. este, como era de suponer en todo mediocre disciplinado, asio al batracio por las ancas y lo zarandeo de tal modo que el bicho vomito, segrego su mucus toxico y paso a un estado de sopor similar al letargo, orinandose de paso fuera del inodoro del ujier. al ver la miseria de tan gatuperioso animal, el ujier, de malas pulgas pero de buen corazon, echo esa suerte de alimaña al charquero de su huerto, por si se reanimaban aquellos ojos saltones vidriosos y se abria otra vez aquella boca grande babosa. entonces, todo sucede porque tiene que suceder. y esa misma tarde a la casa del ujier, de visita, acudio el principe que, admirador de la vulgaridad muscular y el verbal prosaismo del lavador, preguntole quien croaba en su conspicuo portal. y sin mediar presentacion alguna, descubriendo la amorfa masa anfibia buceando bajo la superficie del agua turbia, el principe, presa de su bondad altiva y quizas de lo divino, fue hasta alli, y alli mismo la beso en la papada, delante incluso del personal de limpieza. el encanto se produjo como fabula al fin. pero con una relacion que incluye azote, rotura de electrodomestico, burlas a las partes sexuales y presteza en el cobro de un alquiler en el efficience de atras, sin mencionar esa fumigacion rutinaria que requiere toda reinsercion social y adaptacion de la orilla a la realeza, aun en el exilio. pero los celos, como siempre -oh, sin ellos!- rompieron aquel hechizo endeble. fue el exceso de insecticida, vayase a ver, que privo al sapotoro de sus golosinas etilicas; o esas palomas mensajeras enviadas a la colonia penitenciaria del amante, no se atina a comprender. pero el batracio descubrio una mañana que su galan tenia un peaje semanal con un paje para pajas, castigado aquel, por azares del destino y la mala defensa del narcoabogado don luis, a ser devuelto a la isla de if. y fue asi que, herida en su frio amor propio, escapo la rana de la jaula de oro de su idolatrado principe ya menos azul -tirando a verde- al libre albedrio del brinco callejero otra vez. y comenzo a criar pelos.©varela
parte final: la metamorfosis